En 1762, una princesa alemana que había llegado a Rusia sin dinero, sin poder y sin hablar el idioma dio un golpe de estado contra su propio marido, se apoderó del trono y gobernó durante treinta y cuatro años. Catalina la Grande no fue solo una emperatriz: fue la mujer más poderosa de su siglo, una reformadora que modernizó Rusia, expandió sus fronteras hasta convertirla en una superpotencia y mantuvo correspondencia con los filósofos más importantes de la Ilustración. Esta es su historia real.
¿Quién fue Catalina la Grande? De princesa insignificante a emperatriz de Rusia
De princesa insignificante a emperatriz de Rusia
Catalina la Grande, cuyo nombre real era Sofía Federica Augusta de Anhalt-Zerbst, nació el 2 de mayo de 1729 en Stettin, una pequeña ciudad de Prusia que hoy pertenece a Polonia. Su familia era de nobleza menor alemana: tenían título pero poco dinero, poca influencia y ninguna perspectiva de grandeza.

Todo cambió cuando la emperatriz rusa Isabel I buscó una esposa para su sobrino y heredero, el futuro Pedro III. Sofía, con apenas quince años, fue seleccionada y enviada a Rusia. Se convirtió al cristianismo ortodoxo, cambió su nombre por Catalina y se dedicó a hacer algo que nadie esperaba de una adolescente extranjera en una corte hostil: aprender. Aprendió ruso a la perfección. Estudió la historia de Rusia. Leyó a los filósofos franceses. Observó cómo funcionaba el poder en la corte. Y esperó pacientemente su momento.
Un matrimonio desastroso: Catalina y Pedro III
El matrimonio de Catalina con Pedro III fue un desastre desde el primer día. Pedro era inmaduro, obsesionado con los juegos de guerra con soldados de juguete, admirador del rey Federico II de Prusia — el principal enemigo de Rusia — y completamente desinteresado en gobernar. Trataba a Catalina con indiferencia cuando no con desprecio.
Mientras su marido jugaba con miniaturas militares, Catalina leía a Voltaire, Montesquieu y Tácito. Mientras Pedro se alienaba a la nobleza rusa con su admiración por Prusia, Catalina se ganaba el respeto de la corte con su inteligencia, su dominio del ruso y su comprensión profunda de la política rusa. El contraste entre ambos era tan brutal que la pregunta no era si habría un golpe, sino cuándo.

Pedro III llegó al trono en enero de 1762 tras la muerte de la emperatriz Isabel. En seis meses consiguió enfurecer al ejército retirando tropas de una guerra que Rusia estaba ganando, ofender a la Iglesia ortodoxa confiscando propiedades eclesiásticas y humillar a la nobleza con su comportamiento errático. Catalina observó todo. Y actuó.
El golpe de estado de 1762: cómo Catalina conquistó el trono
El 9 de julio de 1762, Catalina la Grande ejecutó uno de los golpes de estado más limpios de la historia europea. Con el apoyo de su amante, el oficial Grigori Orlov, y de su hermano Alekséi, se presentó ante los regimientos de la Guardia Imperial vestida con uniforme militar y a caballo. Los soldados la aclamaron como emperatriz.
Pedro III, abandonado por todos, abdicó sin resistencia. Fue arrestado y confinado en el palacio de Ropsha. Ocho días después apareció muerto. La versión oficial habló de un cólico hemorrágico. Nadie se lo creyó. Alekséi Orlov era el principal sospechoso, aunque nunca se demostró la implicación directa de Catalina.
Con treinta y tres años, una mujer nacida en una familia menor de Prusia se sentó en el trono del imperio más grande de Europa. No lo había heredado. No se lo habían regalado. Lo había conquistado.
Las reformas de Catalina: modernizar Rusia desde el trono
Catalina la Grande no se conformó con tomar el poder. Quiso transformar Rusia. Influida por los filósofos de la Ilustración, emprendió un programa de reformas que abarcó la educación, la administración, la justicia y la cultura.
Redactó el Nakaz, un documento de más de seiscientos artículos que sentaba las bases para una reforma legal basada en los principios de Montesquieu y Beccaria. Aunque muchas de sus propuestas no llegaron a implementarse por la resistencia de la nobleza, el solo hecho de que una monarca absolutista propusiera limitar la tortura, reformar el sistema penal y defender la igualdad ante la ley era revolucionario para la época.
Fundó el primer instituto de educación femenina de Rusia. Amplió la Academia de Ciencias. Creó el Museo del Hermitage, que comenzó como su colección privada de arte y hoy es uno de los museos más importantes del mundo con más de tres millones de piezas. Mantuvo correspondencia regular con Voltaire y Diderot, financió la Enciclopedia francesa y se presentó a sí misma como una monarca ilustrada ante toda Europa.
La expansión del imperio: Crimea, Polonia y las guerras otomanas
Catalina no fue solo una reformadora intelectual. Fue también una estratega militar formidable. Durante su reinado, Rusia expandió sus fronteras en todas las direcciones.
En 1783 conquistó Crimea, arrebatándosela al Imperio Otomano y asegurando para Rusia el acceso permanente al Mar Negro. Ganó dos guerras contra los otomanos que consolidaron a Rusia como potencia dominante en el Mediterráneo oriental. Y participó en las tres particiones de Polonia, un proceso que eliminó a Polonia del mapa de Europa durante más de un siglo.
Cuando Catalina llegó al poder, Rusia era una potencia regional con influencia limitada. Cuando murió, era uno de los imperios más grandes y temidos del mundo, con fronteras que se extendían desde el Báltico hasta el Pacífico. Añadió más de 500.000 kilómetros cuadrados al territorio ruso durante su reinado.
Los amantes de Catalina: la verdad detrás del mito
La historia popular ha reducido a Catalina la Grande a sus relaciones amorosas, rodeándola de mitos grotescos y difamaciones que ningún monarca masculino habría sufrido por el mismo comportamiento. La realidad es más compleja y más interesante.
Catalina tuvo aproximadamente doce amantes documentados a lo largo de su vida, una cifra modesta comparada con la de cualquier rey europeo de su época. Lo que la distinguía no era la cantidad, sino cómo gestionaba esas relaciones: sus amantes eran seleccionados por su inteligencia, su lealtad y su capacidad política. Muchos de ellos ocuparon cargos importantes en el gobierno y el ejército.
Grigori Potemkin, probablemente el amor de su vida, fue también su consejero más brillante y el arquitecto de la conquista de Crimea. La relación entre Catalina y Potemkin fue una de las asociaciones políticas más productivas de la historia europea. Los mitos sobre sus supuestos excesos sexuales fueron fabricados por sus enemigos políticos, tanto en Rusia como en el extranjero, como herramienta para deslegitimar a una mujer que gobernaba con más eficacia que la mayoría de los hombres de su tiempo.
El legado de Catalina la Grande: la emperatriz que transformó Rusia
Catalina la Grande murió el 17 de noviembre de 1796, a los sesenta y siete años, tras sufrir un derrame cerebral. Había gobernado Rusia durante treinta y cuatro años, más que cualquier otra mujer en la historia del país.
Su legado es inmenso y contradictorio. Modernizó la administración, expandió las fronteras, impulsó la educación y la cultura, y posicionó a Rusia como potencia europea de primer orden. Pero también reforzó la servidumbre, aplastó la rebelión de Pugachov con brutalidad y participó en la destrucción de Polonia como estado independiente.
Lo que es indiscutible es que Catalina la Grande fue la gobernante más eficaz que Rusia tuvo en el siglo XVIII. Y lo consiguió siendo mujer, extranjera y sin derecho legítimo al trono. En una época en la que el poder estaba reservado a los hombres por nacimiento, Catalina demostró que el talento, la paciencia y la determinación podían superar cualquier barrera.
- 5 datos sobre Catalina la Grande que probablemente no sabías
Hablaba cuatro idiomas. Alemán nativo, francés fluido (el idioma de la diplomacia), ruso perfecto y algo de italiano. Su dominio del ruso fue clave para ganarse el respeto de la corte.
Fue vacunada contra la viruela. En 1768, Catalina se inoculó contra la viruela para dar ejemplo a la población rusa, que desconfiaba del procedimiento. Fue una de las primeras monarcas europeas en hacerlo públicamente.
Escribía obras de teatro. Catalina fue autora de al menos quince comedias y óperas que se representaron en los teatros de San Petersburgo. Usaba el teatro como herramienta de crítica social.
Su colección de arte fundó el Hermitage. Comenzó comprando 225 cuadros a un comerciante berlinés en 1764. Al final de su vida, la colección incluía miles de obras que hoy forman el núcleo de uno de los museos más visitados del mundo.
Nunca fue coronada reina consorte. Catalina no heredó el trono ni fue coronada junto a su marido. Lo tomó por la fuerza y se coronó a sí misma como emperatriz reinante, no como esposa del emperador.
Conclusión: por qué Catalina la Grande merece ser recordada de otra manera
La historia de Catalina la Grande es la historia de una mujer que llegó a un país extranjero sin poder, sin aliados y sin idioma, y lo conquistó todo: el idioma, la corte, el trono y el imperio más grande de Europa. Lo hizo con inteligencia, con paciencia y con una determinación que sus contemporáneos no supieron ver hasta que fue demasiado tarde. - El mundo la recuerda por sus amantes. Debería recordarla por ser la gobernante que modernizó Rusia, conquistó Crimea, fundó el Hermitage y mantuvo correspondencia de igual a igual con Voltaire. La historia rara vez es justa con las mujeres que ejercen el poder. Catalina la Grande es, quizá, el ejemplo más claro.
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